domingo, 1 de marzo de 2026

Una foto más

— Muy bien, una foto más para Instagram y creo que quedará perfecto todo. Incluso con mi poca experiencia y sentido de la moda, este cuerpo luce espectacular.





Marco era un señor de 48 años, viejo y cansado. Trabajaba en un Oxxo como cajero, sin esposa ni hijos, fracasado y con muy poco sentido en su vida.

Todo cambió cuando ocurrió el FOSE.
Era de noche y él estaba solo en su cama, como cada noche antes de dormir, con su celular, viendo memes, algunos videos de chicas bailando, hasta que terminó en la foto de una chica en Instagram.




Empezó a masturbarse viéndola: su delgado cuerpo, sus piernas, todo tan descubierto. Era muy sexy y le excitaba demasiado, pero justo al llegar al orgasmo todo dio vueltas y, cuando reaccionó, estaba en el cuerpo de la chica.

Nicole, de 21 años, era una modelo en ascenso de Instagram, con un cuerpo delgado y cuidado. Aunque sabía que no tenía grandes tetas ni un culo tan llamativo, estaba teniendo mucho éxito. No le interesaba operarse; creía en el trabajo físico y en el gimnasio que podía potenciar todavía más su figura natural.

Era independiente, segura de sí misma y de carácter difícil, por lo que, aunque tenía bastantes citas y muchos hombres tras ella, no tenía novio desde hacía bastante tiempo.

Fue una de las tantas personas afectadas por el FOSE, terminando en el viejo y asqueroso cuerpo de Marco, con un pene entre las manos y semen escurriendo.

— Estos días he estado sintiendo cosas muy extrañas. Siempre me gustaron las mujeres, pero cuando salgo a pasear en este cuerpo, la atención que recibo de los hombres se siente tan bien… Incluso he llegado a sentir cómo mi vagina se moja algunas veces al hablar con ellos. Tal vez no estaría tan mal experimentar un poco.

Tomó una foto más y miró su cuerpo, tocándose los pechos y el abdomen.

— No está nada mal, pero tal vez algunas cirugías me ayudarían a verme aún más sexy. Ahora que lo pienso, tomarme fotos y trabajar así está muy bien, pero convertirme en la esposa modelo de algún tipo rico sería todavía mejor.

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Viaje astral

— Definitivamente este estilo me quedó muy bien ahora. El vestido enseña lo suficiente y se ajusta perfectamente a mi cuerpo. Aunque la tanga se siente un poco incómoda, me hace ver realmente sexy.





Víctor es un chico nerd de 20 años, poco sociable y bastante retraído. Vagando por internet, se encontró con algunas historias que hablaban de viajes astrales. Una noche tranquila decidió intentarlo: logró salir de su cuerpo y exploró un poco alrededor, aunque no pudo hacer mucho más, ya que pronto se vio obligado a regresar.

Con el paso de los días, investigó más sobre los viajes astrales, cómo lograr mayor control y cuáles eran las posibilidades reales.

Con el pasar del tiempo y mucha práctica, consiguió permanecer fuera de su cuerpo por más tiempo, moviéndose por su casa y su vecindario durante períodos mucho más largos de lo que esperaba.

Una de esas noches terminó en el cuarto de su hermana. Bianca, de 22 años, se veía tan hermosa… Él nunca había tenido pensamientos incestuosos hacia ella, pero no podía negar lo atractivo que era su cuerpo ni lo bella que resultaba.

Se pasó varios minutos observándola dormir, mientras su cabeza se inundaba de pensamientos e ideas. Tal vez podría poseerla, como en las películas. Era una idea loca, pero podría funcionar.

Los días siguientes buscó información al respecto. Encontró relatos e historias de personas que supuestamente habían logrado entrar en el cuerpo de otros usando esta técnica, aunque ninguna fuente era confiable y no existía prueba alguna. Sin embargo, no se desanimó.

Ideó un plan, se preparó mentalmente para intentarlo e incluso compró algo de ropa que, de funcionar, usaría con el cuerpo de su hermana.

Aquella noche, al salir de su cuerpo, llegó inmediatamente al cuarto de Bianca. Ella ya estaba profundamente dormida.

Se acercó lentamente y extendió la mano hacia su rostro, pero nada ocurría: no había ninguna fuerza que lo jalara hacia su propio cuerpo ni nada parecido a lo que había leído.
No podía tocarla y tampoco parecía poder poseerla. Hasta que, entre los sueños y ronquidos de Bianca, con la boca entreabierta, algo lo tentó a intentarlo una última vez.

Al acercarse esta vez a su boca, sintió algo diferente. Sin pensarlo demasiado, saltó dentro de ella y bajó por su garganta.
Cuando reaccionó de nuevo, estaba dentro de su cuerpo. Lo controlaba totalmente. Estaba emocionado y feliz mientras sentía y exploraba su nueva piel.

No tardó mucho en empezar a tocarse y vestirse con su nuevo cuerpo, actuando de formas que su hermana jamás haría.





— Definitivamente necesito comprar más ropa y cosas. Podría hacer una infinidad de cosplays ahora, incluso podría hacerme famosa en redes sociales, ir a convenciones… Tendría mucha atención.

Parecía no importarle en absoluto estar usando el cuerpo y la vida de Bianca para su propio beneficio. Sin embargo, había preguntas sin resolver.

¿Dónde estaba la verdadera Bianca? ¿Seguía consciente dentro de su propia mente? ¿Y qué pasaría con su cuerpo original? Él no sabía cómo regresar y, para ser honestos, ya no estaba seguro de querer hacerlo.

Esas eran cosas que le preocuparían más adelante, pero por ahora lo único que le interesaba era seguir tomándose fotos y planear todo lo que haría a partir de ese momento.

Grandes y pesadas

Es un poco incómodo atraer tantas miradas y tener tanta atención, pero creo que es lógico teniendo unas tetas tan grandes como estas.

Son muy pesadas y ya me empieza a doler la espalda, pero no puedo negar lo mucho que me gusta que me traten bien y me compren cosas solo por enseñarlas un poco.

Estando encerrado me estaba aburriendo, así que definitivamente salir a dar una vuelta es lo mejor que pude hacer. Ahora no estoy muy seguro de querer volver a mi cuerpo.





David era un chico de 19 años, estudiante de derecho, un joven bastante normal.
Pero todo cambió una tarde cuando regresaba a casa: de pronto se sintió mareado y cayó inconsciente.

Cuando recuperó la consciencia, estaba dentro de la casa de su vecina.

La señora Martina es una mujer de 38 años, muy atractiva, con un cuerpo bastante bien conservado y con unas tetas enormes gracias a las inversiones que su esposo —un hombre con un trabajo muy bien remunerado— le ha hecho.

Últimamente lo había notado algo distante y poco cariñoso con ella. Preocupada por una posible infidelidad, había ideado un plan. Con la ayuda de un hechizo que compró a una bruja, cambiaría de cuerpo con la secretaria de su esposo durante 48 horas para descubrir qué era lo que estaba ocultando.

Sin embargo, al realizar el hechizo mezcló algunas palabras mal, lo que provocó que cambiara de cuerpo con la persona más cercana; para su mala suerte, en ese momento era su vecino David.

Encerró a David (en su cuerpo original) en su casa para poder ir a buscar a la bruja y revertir el error.

Pero el joven David, aburrido y con un cuerpo nuevo y un mundo por explorar, no tardó en ingeniárselas para salir y aprovechar al máximo su nueva apariencia.

¿Será que pueda revertir el hechizo? ¿O será mejor que se vaya acostumbrando a ser una joven de 19 años?

lunes, 16 de febrero de 2026

Erica 2

Al entrar a la cocina, estaba en la barra Adriana, la empleada de esta señora, preparando el desayuno.





Una chica de unos 25 años, bastante educada y eficiente hasta donde he podido conocerla.

En cuanto me ve entrar, levanta la mirada y me saluda de inmediato.

— Buenos días, señora Erica.

+ Buenos días, Adriana.

— El desayuno estará listo en unos minutos. Si gusta esperar en la mesa, le serviré enseguida.

Asentí con la cabeza mientras ella volvía a concentrarse en lo que estaba preparando.

Antes de irme me quedé viéndola un segundo: es una chica algo alta, más que yo ahora, algo sencilla pero bonita, de cabello negro corto, no parece usar mucho maquillaje, aunque siempre se ve muy bien arreglada.

Mis ojos se mueven a sus piernas, sus muslos, caderas. Aunque no es una modelo y es algo delgada, se ve muy atractiva.

Me tardo más de lo debido observándola, ya que ella se da cuenta de mi vista sobre su cuerpo y me mira algo extrañada.

—¿Hay algo más en lo que pueda ayudarla, señora Erica?
—No, no, todo está bien.

Digo tratando de disimular y apartando la vista de inmediato. Camino hasta el comedor y me siento a esperar.

Seguramente la encontraría bastante atractiva si aún tuviera mi anterior cuerpo; es una chica linda, pero ahora realmente no me provoca nada.

Mi vista sobre ella incluso era más de admiración de su cuerpo que de morbo.
Sigo sin saber qué me pasa y por qué, mientras más pasa el tiempo, no reacciono como debería.

Me doy cuenta incluso de la postura en que me senté: las piernas juntas y cruzadas, los brazos sobre la mesa en una forma femenina, mientras espero.

Adriana entra con un plato de omelette, una taza de café y unas piezas de pan; las deja sobre la mesa para mí.

—Provecho, señora. Estaré en la lavandería por si me necesita.

Dice dulcemente antes de caminar fuera del comedor.

Esta vez ni siquiera me molesto en mirarla cuando se va, solo veo la comida frente a mí.

Tomo la taza de café y le doy un sorbo; es muy dulce, demasiada azúcar para un café, pero a mi boca parece gustarle ya que me parece perfecto.

Es raro incluso pensar en eso. Ahora hay sabores que siento diferentes; no recuerdo que antes me gustara demasiado el azúcar, ni las comidas o bebidas así.

Incluso el omelette no se veía tan atractivo, y aun así al primer bocado cambia mi opinión: es tan delicioso ahora.

Hay tantos cambios a los que me estoy adaptando y a los que aún estoy aprendiendo a aceptar.




Horas más tarde camino hacia la sala, llevo un libro en mis manos; no recuerdo que antes fuera fan de leer.
Ahora pareciera parte de una rutina.

Me recuesto sobre el sofá y abro el libro; es un típico libro de romance que ni siquiera sé por qué escogí.





Es sobre un tipo adinerado que se enamora de una de sus empleadas, algo muy cursi y obvio, pero por alguna razón me gusta.

Solamente salgo del trance cuando Adriana entra en la habitación.

— Señora Erica, ya terminé con las labores. Antes de que me retire, ¿necesita algo más?

+ Eh, no, creo que es todo por hoy.
— Muy bien, señora. Hasta mañana.

Se despide y sale de la habitación. Escucho la puerta principal y me quedo completamente a solas en la enorme casa.




Horas más tarde estoy preparándome para dormir de nuevo, con la pijama lista, cuando suena el teléfono.

+ ¿Hola?

Una voz grave y fuerte me contesta desde el otro lado.

— Hola, ¿qué tal va todo, amor? Ya no puedo esperar para verte otra vez.

Aunque no lo conozco, por alguna razón inmediatamente sé que se trata del esposo… de mi esposo.

+ Eh, sí, todo bien, cariño. Yo también… Ya no puedo esperar para verte.

Mi voz es algo dudosa, aunque trato de disimular lo mejor que puedo.

— Solo un par de días más para verte. Solo quería avisarte que llegaré por la noche. Sé que te dije que estaría por la mañana ahí, pero hubo algunos problemas con el vuelo y no conseguí uno hasta la noche. Pero como compensación te llevaré a cenar. Sé que querías ir a ese nuevo restaurante y creo que es una buena ocasión para ir.

+ Cla-claro, cariño… El restaurante, sí… Yo… estaré lista para cuando regreses…

—Muy bien, amor. Descansa, te veré en unos días. Te amo.

No creo haber sido muy convincente, pero parece ser que mi esposo no lo notó. Aun así, tengo solo dos días para resolver este problema.

Definitivamente no quiero ser una mujer y mucho menos una esposa, pero tampoco he intentado siquiera descubrir qué fue lo que me pasó.

La noche avanza y mis pensamientos siguen dando vueltas: muchas preguntas y aún ninguna respuesta sobre este cambio.

Me quedo algún tiempo perdida entre mis pensamientos, hasta que finalmente me quedo dormida.

lunes, 9 de febrero de 2026

Erica

La luz del sol se cuela por las delgadas cortinas de seda, iluminando la habitación. Las suaves sábanas que me cubren se mueven un poco. 
Lentamente abro mis ojos y veo una vez más ese impecable y elegante lugar.

Una habitación enorme, una cama queen size en la mitad, burós a cada lado; un tocador junto a la puerta del clóset, el enorme espejo de cuerpo completo que adorna la otra pared y la puerta hacia el baño.

Giro hacia un lado de la cama y siento el peso de mis pechos; es una sensación tan extraña a la que aún no logro acostumbrarme.




Me tomó unos cuantos segundos antes de salir de la cama y ponerme de pie. La manera en que me movía ya no era tan brusca, cada vez son más delicados mis movimientos.

Mis pies descalzos sobre el suelo. Camino lentamente hasta el espejo y me veo. Aún sigo sin creer que ese es mi reflejo ahora; la imagen de una mujer mayor me devolvía la mirada.

Suspiro profundamente antes de moverme hacia el baño, dejando el camisón con el que duermo en el camino.

La brisa por mi piel me da escalofríos. Mientras me acerco para abrir la llave de la regadera, mis movimientos cada vez los siento menos míos, aunque estoy completamente consciente de que los hago yo.

Entro a la regadera cuando el agua está caliente. El agua recorre cada rincón de mi cuerpo, el cual en mi anterior cuerpo seguramente estaría deseando, pero ahora no me provoca ya nada de morbo o curiosidad.

Me aseguro de enjabonar por completo mi cuerpo, tallar cada parte, lavando bien mis pies, mis piernas, mis pechos, incluso mi vagina; el shampoo en mi largo cabello, el acondicionador, el exfoliante… son tantas cosas diferentes que ahora utilizo.

Después de bastante tiempo salgo de la regadera, tomo una toalla y la enredo en mi cabello, tomo otra y seco mi cuerpo, algunas cremas para mi cara, otra más para el cuerpo.

Tomo crema para depilar y la aplico sobre mis piernas; cuidadosamente, con el rastrillo las depilo.

Me acerco al espejo nuevamente y uso la secadora en mi cabello, capa por capa, asegurándome de que todo quede bien seco antes de dejarla.

Salgo del baño con una toalla cubriendo mi cuerpo.

Me acerco al clóset, abro un cajón de donde tomo un conjunto blanco.

Dejo caer la toalla y tomo el brasier, ajustándolo sobre mis pechos; después las panties, mirando mi reflejo para asegurarme de que todo esté en su lugar.

Tomo un vestido amarillo con pequeños detalles en blanco y me lo pongo, lo acomodo bien antes de tomar unos pequeños tacones negros y ponérmelos.

Camino hacia el tocador y me siento; aplico un poco de lápiz labial, otro poco de rubor y delineador, algo discreto pero bastante femenino.

Finalmente salgo del cuarto. La casa enorme, los pasillos pulcros, mis caderas se mueven de un lado a otro, un balanceo natural; y bajo las escaleras hasta la cocina.


Llevo 5 días en este cuerpo, me desperté en él, sin saber cómo ni por qué.

Por lo que he podido averiguar, mi nombre es Erica Garza, una señora de 43 años, casada y sin hijos, con una enorme casa en Polanco, mucho dinero y lujos que nunca imaginé.

El esposo de esta señora, Arturo, o mejor dicho mi esposo ahora, está en un viaje de negocios de una semana y volverá en un par de días.

Yo era un chico de 24 años de un barrio común, o eso es lo que creo.

Por alguna razón mis recuerdos se desvanecen cada vez más. No sé cuál era mi nombre ni la dirección exacta donde vivía, no sé qué hacía ni quién era exactamente, y a este paso creo que olvidaré todo de mi antigua vida muy pronto.

Tengo miedo, no sé qué ocasionó este cambio y mucho menos sé cómo revertirlo.

Bienvenida del blog

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Muchas gracias por entrar a mi blog, espero sea de su agrado.
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