La luz del sol se cuela por las delgadas cortinas de seda, iluminando la habitación. Las suaves sábanas que me cubren se mueven un poco.
Lentamente abro mis ojos y veo una vez más ese impecable y elegante lugar.
Una habitación enorme, una cama queen size en la mitad, burós a cada lado; un tocador junto a la puerta del clóset, el enorme espejo de cuerpo completo que adorna la otra pared y la puerta hacia el baño.
Giro hacia un lado de la cama y siento el peso de mis pechos; es una sensación tan extraña a la que aún no logro acostumbrarme.
Me tomó unos cuantos segundos antes de salir de la cama y ponerme de pie. La manera en que me movía ya no era tan brusca, cada vez son más delicados mis movimientos.
Mis pies descalzos sobre el suelo. Camino lentamente hasta el espejo y me veo. Aún sigo sin creer que ese es mi reflejo ahora; la imagen de una mujer mayor me devolvía la mirada.
Suspiro profundamente antes de moverme hacia el baño, dejando el camisón con el que duermo en el camino.
La brisa por mi piel me da escalofríos. Mientras me acerco para abrir la llave de la regadera, mis movimientos cada vez los siento menos míos, aunque estoy completamente consciente de que los hago yo.
Entro a la regadera cuando el agua está caliente. El agua recorre cada rincón de mi cuerpo, el cual en mi anterior cuerpo seguramente estaría deseando, pero ahora no me provoca ya nada de morbo o curiosidad.
Me aseguro de enjabonar por completo mi cuerpo, tallar cada parte, lavando bien mis pies, mis piernas, mis pechos, incluso mi vagina; el shampoo en mi largo cabello, el acondicionador, el exfoliante… son tantas cosas diferentes que ahora utilizo.
Después de bastante tiempo salgo de la regadera, tomo una toalla y la enredo en mi cabello, tomo otra y seco mi cuerpo, algunas cremas para mi cara, otra más para el cuerpo.
Tomo crema para depilar y la aplico sobre mis piernas; cuidadosamente, con el rastrillo las depilo.
Me acerco al espejo nuevamente y uso la secadora en mi cabello, capa por capa, asegurándome de que todo quede bien seco antes de dejarla.
Salgo del baño con una toalla cubriendo mi cuerpo.
Me acerco al clóset, abro un cajón de donde tomo un conjunto blanco.
Dejo caer la toalla y tomo el brasier, ajustándolo sobre mis pechos; después las panties, mirando mi reflejo para asegurarme de que todo esté en su lugar.
Tomo un vestido amarillo con pequeños detalles en blanco y me lo pongo, lo acomodo bien antes de tomar unos pequeños tacones negros y ponérmelos.
Camino hacia el tocador y me siento; aplico un poco de lápiz labial, otro poco de rubor y delineador, algo discreto pero bastante femenino.
Finalmente salgo del cuarto. La casa enorme, los pasillos pulcros, mis caderas se mueven de un lado a otro, un balanceo natural; y bajo las escaleras hasta la cocina.
Llevo 5 días en este cuerpo, me desperté en él, sin saber cómo ni por qué.
Por lo que he podido averiguar, mi nombre es Erica Garza, una señora de 43 años, casada y sin hijos, con una enorme casa en Polanco, mucho dinero y lujos que nunca imaginé.
El esposo de esta señora, Arturo, o mejor dicho mi esposo ahora, está en un viaje de negocios de una semana y volverá en un par de días.
Yo era un chico de 24 años de un barrio común, o eso es lo que creo.
Por alguna razón mis recuerdos se desvanecen cada vez más. No sé cuál era mi nombre ni la dirección exacta donde vivía, no sé qué hacía ni quién era exactamente, y a este paso creo que olvidaré todo de mi antigua vida muy pronto.
Tengo miedo, no sé qué ocasionó este cambio y mucho menos sé cómo revertirlo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario