jueves, 9 de abril de 2026

Caos Universal: La reputación de mi ex - Petición

Las últimas semanas habían sido muy buenas para mí. Había estado trabajando bastante: tenía varias sesiones de fotos, algunas presentaciones pequeñas e incluso empezaba a ganar un poco de fama en redes sociales.

Mi nombre es Diego, tengo 22 años y soy un pequeño artista, aunque en realidad mis estudios de biología no tienen nada que ver con eso. Lo que realmente me interesaba era explorar el arte y todas sus variantes en las que podía desenvolverme.

Estaba en mi cuarto. Era algo temprano, alrededor de las 10 de la mañana. Escuchaba a Ed Maverick mientras pasaba por Instagram.

Revisaba los Reels: algunas modelos, chicas bailando, Reels de amigos, algún contador en cero con una advertencia de un supuesto “Caos Universal” y varios videos falsos de esos que les encantan a las tías chismosas.

Pronto una sensación extraña me invadió, como una recarga repentina de energía. Me hizo saltar un poco y, al momento, perdí la vista por un segundo.


                                                                     


Cuando mi vista regresó, todo era diferente. Me sentía agitado, con la respiración pesada y mi mano entre mis piernas. Entonces la escena se aclaró.

Tenía dos dedos dentro de mí. En mi entrepierna había una vagina ahora, y yo estaba con los dedos hasta el fondo.

Sudor y humedad cubrían toda la cama en la que ahora estaba acostado. Un placer que empezaba a desvanecerse recorría mi ser.
Saqué mis dedos de mí. Las uñas arregladas y pintadas de morado. Mis manos eran pequeñas, más delicadas. Miré alrededor: no era mi cuarto. Había un espejo de cuerpo completo en la pared a mi derecha. Las sábanas, aunque ya todas mojadas, eran de un tono pastel.




Las paredes eran blancas y la decoración me resultaba muy familiar. Me puse de pie. Mis pies descalzos tocaron el frío suelo. Mi equilibrio era algo torpe hasta que llegué al espejo y me vi.

No podía creerlo. Ahí estaba yo, pero no era yo: era Ángela, mi ex.




La maldita perra de mi ex. La que me engañó con dos pendejos. La misma que, cuando la descubrí, se hizo la víctima y después se burló de mí.

Era ella quien me devolvía la mirada en el espejo: sudor por todo mi cuerpo desnudo, los pezones duros (esos pezones que tanto me encantaban cuando estaba con ella), su vagina expuesta, totalmente depilada, sus piernas largas y ese trasero redondo y firme.

Siempre fue una mujer hermosa. Incluso después de terminar, me la jalé un par de veces con sus fotos.

El aroma en el cuarto salía de mí, la esencia de mi nuevo sexo, la sensación de cosquilleo que seguía en mi entrepierna y el deseo de más placer.


                                                                    


Después de unas horas de estar explorando mi nuevo cuerpo —tocando mis tetas, mi trasero, mis pezones— y de masturbarme, busqué su teléfono. Había mucho caos e información acerca del evento llamado “el Caos Universal”.

Las autoridades incitaban a todos a quedarse en casa o resguardarse en la medida de lo posible, ya que el caos en las calles y espacios públicos era inmenso. La seguridad aún no estaba controlada y no había forma de saber quién terminó en qué cuerpo y quiénes no cambiaron.

Así que pasé esa noche y el día siguiente en el cuarto de Ángela. Seguí explorando y tocando hasta que el placer se agotó, y entonces me puse a pensar en todo lo que esto significaba.

Ahora era Ángela. Tenía el cuerpo de la sexy perra de mi ex, y podía hacer con él lo que quisiera. Podría vengarme de todo lo que me hizo pasar, y la humillación sería para ella una vez que todo esto se resolviera. Era un plan perfecto.

Fui hasta su clóset y empecé a buscar, aún desnuda. Quería algo sexy y atrevido para hacerla ver públicamente como la puta que es. Aunque era ropa femenina y sexy, no era lo suficientemente putona.

Tomé una falda de mezclilla y la empecé a cortar, haciéndola lo suficientemente corta para mi propósito. Elegí una blusa negra bien escotada, nada de ropa interior, un maquillaje pesado (mal hecho por mi falta de experiencia), unos buenos tacones y estaba listo para salir.




Al salir a la calle todo parecía tranquilo. No había mucha gente fuera; imagino que aún tenían miedo de lo que pudiera pasarles en sus nuevos cuerpos temporales.

Caminé con decisión, aunque torpemente por no saber usar tacones, hasta llegar a un parque cercano donde el caos se desataba.

Distintas personas —chicas jóvenes como yo, señoras, tipos gordos, hombres jóvenes— formaban un mar de gente haciendo cuanta perversión se les pudiera ocurrir.

Un grupo en medio de una orgía, todos contra todos. Algunas parejas alejadas, pero igualmente haciendo lo que pudieran: sexo, mamadas, hombres tocándose las vergas entre sí, mujeres chupando las tetas de las otras… un sinfín de caos.

Solo pude sonreír. Era exactamente lo que deseaba encontrar para aprovechar esta oportunidad de humillar a esta perra.

Me acerqué hasta un grupo de chicas que estaban tocándose y besándose. Me uní a ellas. Sentí la lengua de una en mi garganta mientras otra se abalanzaba sobre mis tetas, arrancando la blusa y chupando esos perfectos pezones. Una mano se metió debajo de mi falda, tocándome. Todo iba escalando poco a poco. Todas las chicas, incluyéndome, terminamos quedando desnudas.

Hasta que un grupo de chicos, menor en número, se acercó. Nadie dijo nada, pero todos sabían qué buscaban ahí. No supe en qué momento terminé en cuatro sobre el pasto, mientras una verga me penetraba fuertemente. La calentura era tanta que ni siquiera me importaba. Otra chica a la que también se la estaban cogiendo a mi lado me besaba. Otro tipo se acercó y me obligó a mamarle la verga, pero yo ya no podía controlarme.

Fue un caos sin freno. No sé cuánto tiempo pasé ahí, pero perdí la cuenta de las personas con las que me besé, los que me cogieron y las veces que me terminaron dentro y en la boca.


                                                                


La siguiente semana todo trató de normalizarse. Las autoridades dieron un comunicado en el que decían que poco a poco el orden debía restablecerse, mientras aún investigaban lo sucedido y buscaban una solución. Mientras tanto, todos debían tratar de llevar una vida normal, ya fuera la que tenían o la que tenían ahora.

Aunque las reuniones en el parque ya no sucedían, yo seguía buscando perversión por donde pudiera.

Llegaba al supermercado solo para quitarme toda la ropa y pasear desnuda por los pasillos, tocando mis tetas y pezones, exhibiéndome ante todos.

En la parada del camión, buscaba un buen candidato, me pegaba a él, dejaba que me tocara hasta terminar de rodillas mamándosela frente a todos los que estaban alrededor.

Por las noches y los días, buscaba a quien estuviera dispuesto a cogerme. No me importaba nada, solo seguir arruinando públicamente la reputación de Ángela.


                                                                


Finalmente, dos rayas. Era indudable: estaba embarazada. Después de tanto sexo, finalmente había logrado terminar con esto.

Había logrado embarazar a Ángela. Cuando regresara a su cuerpo, su vida y su reputación estarían totalmente arruinadas.

Finalmente esa maldita perra pagaría por todo lo que me hizo.

Lo que no sabía era que esa misma tarde las autoridades emitirían un comunicado en el que explicaban que no había forma de revertir el cambio masivo, pero, en busca de una nueva normalidad, se abrirían registros para determinar a todos los afectados y que pudieran asumir de mejor manera su nueva identidad.

Así que, después de todo, la única persona que pagaría por todo lo que hice las últimas semanas sería yo.

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