Lo que nadie imaginaba o esperaba era que esto provocaría otros problemas: una sobrecarga a causa de la energía utilizada.
Este problema no sería exclusivo de los dispositivos más recientes; básicamente afectaría a cualquier dispositivo que ocupara energía, que estuviera conectado a la corriente o con batería propia.
Algunos investigadores habían logrado descubrir este problema y predecir cuándo ocurriría.
Pero pese a sus esfuerzos por tratar de evitar o remediar el problema por venir, no había nada que hacer: la cantidad de carga que ya existía no era posible hacerla disminuir en el tiempo que tenían.
Así fue como decidieron alertar a la población mundial acerca del evento que estaría por ocurrir.
Aunque no tenían certeza de qué era lo que pasaría, sabían que los dispositivos sufrirían algún tipo de descarga masiva que podría resultar en diferentes problemas. Las recomendaciones eran obvias: evitar, en la medida de lo posible, utilizar el día del evento cualquier teléfono, electrodoméstico o cualquier dispositivo que pudiera recibir esa descarga masiva.
Aunque fue un tema de plática durante los días siguientes al comunicado, muchas de las personas rápidamente se lo tomaron a broma, algunos otros simplemente se olvidaron de eso y hubo otros que ni siquiera se enteraron de la noticia.
Al no ser una noticia oficial de ningún gobierno, fueron ignorados y tomados como un grupo que solo buscaba llamar la atención.
Finalmente, el día del evento llegó y, efectivamente, la gran descarga que habían predicho ocurrió, pero no fue de la forma esperada: ocurrió lentamente alrededor del mundo, a lo largo del día.
Solo los pocos que habían hecho caso a la advertencia y los que vivían alejados de cualquier tipo de dispositivo fueron afortunados al no sufrir este cambio.
La consecuencia que finalmente llegó fue un intercambio masivo de consciencias entre todas las personas afectadas y sin una relación lógica aparente.
Personas cambiaron con otras completamente lejos de su ciudad, su país o incluso su continente.
Algunos otros tuvieron la fortuna de cambiar con alguna persona cercana, algunos pocos vecinos o amigos.
Sin importar el género, la edad o el estatus social: personas que perdieron todo su patrimonio, gente mayor que despertó en un cuerpo joven y viceversa.
Las historias sobre el Caos Universal son extensas y siguen en aumento.
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