Decía Paula, escogiendo cuidadosamente su ropa. Pero la verdad es que Paula ya no es quien está dentro de su cuerpo, sino Esteban.
Esteban y Paula nunca se conocieron; no vivían en la misma ciudad ni fueron a la misma escuela, pero por alguna razón, hace un par de días despertaron en el cuerpo del otro.
Aunque Esteban realmente nunca sintió curiosidad por la vida como mujer, desde que está en el cuerpo de Paula se siente más feliz: tiene más seguridad y confianza. Ha abrazado la feminidad y pareciera una chica más, sin problemas para adaptarse a su nuevo cuerpo y a su nueva sexualidad, ya que Paula siempre fue heterosexual.
—Me queda perfecto este conjunto; el bralette se ajusta bien y las medias se sienten tan bien en mis piernas.
Esteban se miraba en el espejo, posaba un poco y disfrutaba de cada detalle de su nuevo cuerpo. La vista era tan placentera para él que ya se había aceptado totalmente como la nueva Paula.
Tanto así que el día de ayer se decidió a salir a caminar por su nueva ciudad, pasando por un parque donde no pasó desapercibida, atrayendo la atención de varios chicos; uno en especial se acercó a coquetearle, a lo que él no puso resistencia.
El chico, llamado Arturo, la saludó y la observó bien. Aunque parecía algo nerviosa, había algo en ella que le interesaba, más allá de solo su cuerpo y su belleza.
Le invitó un helado y caminaron juntos por el parque. Pasaron la tarde juntos; le llenó la boca de besos y él descubrió ese nuevo mundo de la feminidad.
Ya casi al anochecer, Arturo se ofreció a acompañarla a casa, y aunque decidió marcar el límite ahí y negarse, sí le dio su número para que salieran de nuevo.
¡Lista para la cita de hoy!
Decía el mensaje que le envió a Arturo, ya después de terminar de arreglarse. Aún no entendía por qué le había aceptado una nueva cita, pero no le importaba mucho entenderlo: solo sabía que le gustaba la atención que le daba, que se sentía muy bien con ese atuendo y que le gustaba Arturo.
Esa noche la llevaría a cenar y aceptaría su nueva vida como Paula. Aún no sabía cómo terminaría el día: si aceptaría más besos, si dejaría que le tomara la mano o si dejaría que llegara más lejos.
Aún tenía muy poco tiempo en ese cuerpo y no terminaba de aceptar la idea de hacerlo como mujer, pero mientras más lo pensaba y dejaba que la idea creciera en su cabeza, menos le incomodaba.
La nueva Paula está por descubrir un nuevo mundo, del que ya no querrá volver jamás.
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